Señó Moshuelo valoró La sibila: 4 estrellas

La sibila por Agustina Bessa-Luís, Isaac Alonso Estravís (traductor) (Serie Gong, #10)
Publicada en 1954 y celebrada en toda Europa como una de las grandes novelas del siglo XX, esta epopeya familiar …
Poesía, libros y alpiste. Escampaos y bandolerismo. Si bajo de la rama soy Víctor Briones Antón
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Publicada en 1954 y celebrada en toda Europa como una de las grandes novelas del siglo XX, esta epopeya familiar …

Publicada en 1954 y celebrada en toda Europa como una de las grandes novelas del siglo XX, esta epopeya familiar …
El enfoque de este libro no es nada nuevo comparado con lo que otros libros ofrecen. Lo que sí es cierto es que está escritoe en un estilo muy divertido.
Mi única incomodidad es que fue escrito por alguien que trabaja en Silicon Valley y eso a veces le hace comentar cosas extrañas: como que LinkedIn es un buen ejemplo de redes sociales no dañinas que sí forman comunidad. ¿Quééé? jaja
Si esperas de este libro algo novedoso no lo vas a encontrar pero si esperas entretenerte un rato este libro sí ayuda por su estilo.
En tiempos de liberalotes individualistas, una lectura que a más de uno le vendría bien: de don Kropotkin, *El apoyo mutuo*.
Es una edición realizada en base a un pdf chileno, al cual le agregué estilos de texto, correciones y notas al pie.
Como es debido, libre y gratis :)
¡Disfruten!
https://dolagasape.sutty.nl/2024/05/20/el-apoyo-mutuo-un-kropotkin-muy-actual.html
Paradójicamente conocí al autor de esta obra sobre las tropelías de la industria del cómic con sus autores como guionista de una maravillosa etapa de Spiderman. Esta serie es un sentido homenaje a todos aquellos Kirbys, Ditkos y Fingers que ayudaron a construir una industria multimillonaria y a cambio sólo recibieron un fuerte aplauso y el juego del programa.
Estaba serena y llena de paz, no tenía pensamientos. Tan solo le corrían formas vagas y llenas de dulzura, cosas de las que tenía la conciencia profunda de que eran bellas sin comprenderlas. [...] No era ese conocimiento humano de felicidad la satisfacción de los sentidos, el dominar de los deseos, la autoconvicción de una responsabilidad cumplida, la risa de gratitud de la dádiva de la vida. Era la renuncia total del estado humano. Era la desesperación más gloriosa, porque no estaba aumentada por alguna pena, disgusto o nostalgia. Era, en fin, la libertad de Prometeo.
— La sibila por Agustina Bessa-Luís, Isaac Alonso Estravís (traductor) (Serie Gong, #10) (Página 235 - 236)

Internet era nuestra. Nos la robaron entre quienes viven de extraer nuestros datos personales y quienes necesitan que se extienda …

En un futuro controlado por entidades corporativas donde el viaje espacial es posible, una compañía de seguros debe aprobar y …
Quiero pensar que el haber empatizado tanto con un organismo medio humano/medio máquina, misántropo, desmotivado y perdido en un mundo que no entiende es un mérito de la autora y no una mala señal de estar fatal de lo mío. Bueno y breve.
A pesar de que hay un par de historias que me han parecido impactantes y que en general las ideas son originales, no he acabado de conectar con ellas: las premisas son en su mayoría interesantes, pero no entiendo a dónde me llevan. La idea del libro es que son relatos en los que lo fantástico/terrorífico se cuela en lo cotidiano, pero hay un par de ellas que son directamente fantasía (y no es mi género favorito). Ha estado entretenido, pero sin más.
Más allá de lo terrible de que Nemirovsky muriera de tifus tras ser deportada a Auschwitz, fue una verdadera tragedia para la literatura que solo pudiera terminar dos de las cinco partes en las que ideó esta maravillosa novela, de las que solo pudo dejar anotaciones y apuntes. Hubiera sido un testimonio demoledor e imprescindible.
Dicen por ahí, cual leyenda urbana sobre Murakami que en realidad siempre escribe el mismo libro, algo que no puedo corroborar porque apenas he leído una obra del japonés. A lo mejor, más allá del repelús que pueda o no ocasionar determinado estilo, es un tema cultural, pues idéntico runrún rodea la obra del director coreano Hong-Sang-Soo, del que sí he podido gozar -al principio con determinado esfuerzo- varios de sus filmes. El caso es que acusar a quienes escriben o hacen arte de repetirse quizá sea dejarse llevar por la desconsideración hacia la propia naturaleza humana; yo mismo, cada vez que abro la boca para compartir con flema mis ansias y preocupaciones pudiera parecerle al resto que he comido una cabeza de ajos.
No puedo referirme al respecto al susodicho Murakami, pero sí a Dostoievski, Faulkner, K. Dick, Chandler, Thompson, McCarthy... cuyas fobias, neuras y obsesiones aparecen de …
Dicen por ahí, cual leyenda urbana sobre Murakami que en realidad siempre escribe el mismo libro, algo que no puedo corroborar porque apenas he leído una obra del japonés. A lo mejor, más allá del repelús que pueda o no ocasionar determinado estilo, es un tema cultural, pues idéntico runrún rodea la obra del director coreano Hong-Sang-Soo, del que sí he podido gozar -al principio con determinado esfuerzo- varios de sus filmes. El caso es que acusar a quienes escriben o hacen arte de repetirse quizá sea dejarse llevar por la desconsideración hacia la propia naturaleza humana; yo mismo, cada vez que abro la boca para compartir con flema mis ansias y preocupaciones pudiera parecerle al resto que he comido una cabeza de ajos.
No puedo referirme al respecto al susodicho Murakami, pero sí a Dostoievski, Faulkner, K. Dick, Chandler, Thompson, McCarthy... cuyas fobias, neuras y obsesiones aparecen de manera harto recurrente en todas sus obras sin que por ello vayamos a lapidarlos o considerarlos faltos de originalidad.
Coetzee no ha de librarse de tal aseveración, pero si bien sus desvelos son comunes en cada libro de los que he tenido el placer de leer, su planteamiento y estilo son curiosa y extraordinariamente asimétricos: desde la narración habitual de ficción en “Desgracia”, pasando por el modelo epistolar en “La edad de hierro”, hasta la propuesta de la novela que nos ocupa con un empleo pulcro y nada indiscriminado de la tercera o la primera persona del singular y una incorporación muy habitual al texto, pero tremendamente ágil, del fluir del pensamiento.
En “Vida y época de Michael K”, publicada cuando el escritor sudafricano pasaba de los 40 años y que le supuso la notoriedad y el reconocimiento internacional, ya están presentes la mayor parte de las características esenciales del autor y que de alguna manera dificultan en buena medida su lectura -por muy sencillo que pueda parecer su estilo- así como la honda comprensión de su pensamiento: la retención de información acerca de los personajes, de los que de manera recurrente jamás hace referencia al color de su piel, y el lenguaje simbólico y metaliterario, como puede suceder en la imagen del perro en “Desgracia” o la figura de la madre de K en “Vida y época de Michael K”.
En este último aspecto, la influencia de Kafka es obvia haciéndola patente Coetzee desde el propio título, y de igual modo puede verse en los dos últimos capítulos un modelo de argumentación y análisis muy similar al empleado por Dostoievski en el asentamiento de las fundamentos vitales de sus protagonistas. Dos estilos bien distintos para una forma similar de entender la naturaleza humana y que, habría que asumir, no son nada dúctiles de manejar y acoplar en una misma obra. El enfoque Kafkiano del personaje que da nombre a la novela, y que llega a compararse y asumir su transformación con un gusano en semejanza con el Gregorio de “La metamorfosis”, lo salva con nota altísima, algo muy de valorar, dando vida a un ser encerrado en cierta medida en sí mismo, en alto grado de transformación y que en un momento se niega a adaptarse, desde la calma y la asunción de su ser, a la inhumana sociedad que lo rodea y es incapaz de entender su opción. En un mundo en guerra, a quien decide no estar en guerra sólo le queda la coherencia, aunque resulte insensata al resto. En lo más común a Dostoievski, aunque sin desmerecer la tal vez necesidad del autor de mostrar con rotundidad la dispar interpretación que de los actos y decisiones de K hacen los actores secundarios que rodean la extraña personalidad del protagonista, Coetzee pisa ya arenas movedizas y nos entrega unos pensamientos quizá excesiva e innecesariamente directos, tanto por boca del farmacéutico, en el único capítulo narrado en primera persona, como por la del propio K, donde el uso de la tercera persona nunca ha de entenderse como la presencia de un narrador omnisciente, sino una forma de estilo indirecto con el que mostrarnos el planteamiento vital de K, su transgresión casi inconsciente que lo lleva a comportarse casi ausente de voluntad, en nueva similitud al K de “El proceso”, mas como un ser que tiende irremediablemente a la libertad, a no dejarse encorsetar por un mundo que ha dejado de entender y de seguir.
Coetzee ama Sudáfrica, y detesta todo lo que de negativo pueda hallarse en sus raíces: el racismo, el Apartheid, la incivilizada civilización, tal vez por eso dé vida a personajes aislados por la desesperanza, como el vagabundo alcohólico Vercueil, como la granjera Lucy... Tal vez por ello existe Michael K, quien desde su pacífica rebelión y sus simples renuncias se opone con firmeza silenciosa a ser masa, número... porque en el fondo no ha renunciado a la esperanza.

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