Un libro emocionante, una crónica de lo que dice el título, del fin de un mundo, de unas costumbres, de unas formas de vida que parecían inalterables. Desde el respeto pero sin pastelería, exponiendo a la vez explicaciones y meandros de la historia y lo material que llevó a la extinción de vidas ancladas en otro tiempo.
Por la riqueza histórica y de vocabulario, por el imaginario que despierta en nosotros, nietos de ese país paupérrimo, merece la pena acercarse a estas líneas. Merece aunque no seas uno de esos nietos, porque de ahí venimos, querides, de ahí y no de esa asepsia a la que ahora quieren venerar y poner por delante de todo lo vivo.
El carácter híbrido de la obra tambiés es interesante. Se mezclan sin hacer grumo el ensayo histórico, antropológico, la crónica local, la novela, la geografía...
Una pequeña maravilla








