#fantasíaparadummies de vermú sin vermú.
Capítulo 781: Cuup
Cuando vimos el corporativismo prometí que hablaríamos del sistema cooperativista, que tiene más bien poco que ver, más allá de ser otra opción económica para el sistema.
El cooperativismo es un sistema que puede autocontenerse, por lo que no choca con otros sistemas. Así que podemos tener cooperativas dentro de sistemas comunistas o capitalistas sin ningún problema.
Aunque claro, si fuese EL sistema estatal, tal vez habría ciertos conceptos diferentes en toda la organización.
El cooperativismo destaca porque hay una asociación en la cual las partes implicadas entran en una relación de solidaridad, equidad y trabajo mutuo. Se usan modelos de gestión, democráticos normalmente, para definir las actuaciones del grupo.
El objetivo es que todo el mundo salga ganando. Hay cooperativas desiguales en las que el reparto es proporcional a la parte que se adhiere a la cooperativa, pero nunca a los beneficios que genera.
Esto quiere decir que si yo cultivo dos parcelas y tú otras dos y resulta que mi cosecha se pierde por enfermedad, lo que se produce en la tuya se reparte para ambas personas.
En un caso de equivalencia si yo participo con tres campos y tú uno, los beneficios se reparten 3/4 para mí y 1/4 para tí.
Normalmente en nuestro sistema capitalista existe mucho en el ámbito rural para que no haya que dedicar tanto dinero para maquinaria y modernización.
Es decir, si yo tengo ocho hectáreas de cereal y tú tres, nos juntamos para que podamos comprar un tractor, construyamos un silo, negociemos precios con especuladores desde una posición más fuerte...
El cooperativismo puede extenderse también a la parte consumidora. Una cooperativa de consumo consigue cosas para quienes formen parte ella basados en los mismos principios.
Cómo mejor funcionan ambos sistemas es conectando cooperativismo de consumo y de producción.
Ahora vamos a ver lo que podemos extrapolar con esto.
Partamos del modelo Antiguo Régimen gremial que estaba siendo adelantado por la derecha por la iniciativa privada del individuo que quiere saltarse la normativa del gremio para ganar más. Esa gente va a tope con cambiar el modelo de estado y en base a ello, de economía.
Cuando toca reconfigurar el estado, el liberalismo va a tumba abierta. Por ello, al nombrar las primeras medidas de las revoluciones liberales que se dieron por todos lados, se habla de la prohibición de la gremios, pese a que muchas veces no se ahonda en el motivo (aspecto que es crucial para el cambio de paradigma económico). Porque no se pide una reconfiguración que acabe derivando en un corporativismo.
No.
Aquí plutocracia de la buena.
Imaginemos que eso no hubiera sido así. Imaginemos que el poder del antiguo régimen hubiera resistido el embate burgués.
Imaginemos también que esa subversión que lo hizo caer de manera definitiva empezase en lo rural; en un mundo en el cual el campesinado hubiera empezado a aunar fuerzas aprovechando reformas fisiocráticas.
Imaginemos que empiezan a crear cooperativas que empiezan a ser clave para alimentar a los gremios y manufacturas estatales.
Imaginemos que esas cooperativas gastan el benéfico en modernizar el campo y luego, por contagio, la ciudad.
Imaginemos que cuando el pueblo se vuelve a alzar por una soberanía lo hacen desde la cooperación y no desde el individuo.
Imaginemos.
O también podemos crear.
Si nos da mucha pereza la historia alternativa, siempre podemos llevar a cabo iniciativas cooperativas en los mundos de #fantasía.
Es un modelo muy poco explotado a gran escala. En #CiFi, se usa. Es un tipo de modelo que va muy de la mano de la idea del #solarpunk, aunque se llame de otra manera.
Cada vez que alguien dice que el problema no está solo en cómo se produce, sino que también en cómo se consume, está hablando de cooperativismo.
Así que la próxima vez que alguien os diga:
«¿Y qué hacemos sin el capitalismo? ¿Nos hacemos comunistas?» A parte de responder: ¿por qué no? Podemos poner dos modelos más sobre la mesa: corporativismo y cooperativismo.
A ver con qué cara se queda.
Cuídense.