Ocaña citó Dorayaki de Durian Sukegawa
Advertencia de contenido "Dorayaki" - Final. No sigas si leerás el libro - menciones a ideación suicida
Muchas veces deseé morir, tal vez porque creía que las personas que no cumplían ningún papel en el mundo carecían de valor. Tenía la convicción de que la gente había nacido para ser útil a los demás y a la sociedad. Pero en un momento esto cambió o, más bien, yo cambié.
Lo recuerdo con claridad. Caminaba sola por el bosque de Tama Zenshoen, era una noche de luna llena. En ese momento yo ya escuchaba el susurro de los árboles y las voces de los insectos y los pájaros. Esa noche la luna reflejaba su luz, pálida y brillante a la vez, en todas las cosas que me rodeaban. Una energía especial irradiaba de los árboles que se mecían con el viento. Estaba sola en el sendero del bosque y vi de frente a la luna. ¡Cuánta belleza! Estaba extasiada, incluso me olvidé de todo lo que había sufrido por mi enfermedad y por haber estado encerrada durante tanto tiempo. Después sentí que escuchaba una voz muy parecida a los susurros de la luna. Decía: "Quería que me vieras. Por eso brillo de esta forma".
Desde ese momento comencé a ver todo de manera distinta. Si yo no estuviera aquí, esta luna no existiría. Ni los árboles. Tampoco el viento. Si mi forma de ver el mundo desaparecía, entonces todo lo que observaba desaparecería también. Es tan simple como eso.
Después me asaltó el siguiente pensamiento: ¿y si esto no solo tiene que ver conmigo sino con todas las personas del mundo? Y el resto de las formas de vida capaces de ser conscientes de la presencia de otros, ¿qué pasaría si todo eso desapareciera?
La respuesta es que el mundo entero desaparecería de alguna manera.
Usted podrá pensar que estoy delirando, pero esta idea realmente me cambió. Comencé a entender que nacimos con el propósito de ver y escuchar. Eso es todo lo que el mundo nos pide: que estemos atentos. No importa si nunca fui una maestra o una trabajadora activa, mi vida igual tiene valor.
Yo me curé cuando la enfermedad todavía no había avanzado tanto, así que las secuelas que quedaron en mi cuerpo no fueron tan graves y no tuve dificultad para volver a salir al mundo. Incluso tuve, gracias a usted, la oportunidad de trabajar en Doraharu. Me considero muy afortunada por haber vivido esa experiencia.
A veces hay cosas que no se pueden comprender, por ejemplo una niña o niño cuya vida termina antes de que cumpla dos años. En medio del dolor, aparece la pregunta sobre el sentido de que haya nacido para morir tan pronto.
Yo creo tener una posible respuesta. Estoy segura de que es para que esta persona pequeña perciba el viento, el cielo y las voces de esa manera tan única y particular que tienen los niños. El mundo que ese niño o niña percibe existe gracias a él o ella, y, entonces, la vida tan breve de ese niño o niña cobra sentido y propósito.
Algo parecido ocurrió con mi marido: él pasó gran parte de su vida luchando contra la enfermedad y el sufrimiento y desde afuera se podría pensar que todo era tristeza y amargura al momento de partir. Pero su vida también tuvo un sentido, porque a pesar de todo él pudo sentir el viento y ver el cielo.
— Dorayaki por Durian Sukegawa, AMALIA SATO (Página 180 - 181)
En un libro sencillo como este, se nota que toda la historia está articulada en torno a esta idea del valor de la mirada individual. Es una idea potente sobre el valor del "Ser" que intenta oponerse al valor económico o de producción en el que estamos inmersos.
