Rafa Poverello valoró Nylon Road: 3 estrellas

Nylon Road por Parsua Bashi
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Leo de todo, desde chico, gracias a mi mami maestra que me enseñó que los libros son como un viaje sorpresa a no sabes bien dónde, pero que siempre, o casi siempre, es un disfrute. Mi hermano me odiaba, porque yo encendía la luz del dormitorio bien temprano y se chivaba diciendo que no le dejaba dormir.
Ahora escribo, lo que no quiere decir que sea escritor, y lo hago porque disfruto más aún que cuando leo.
En el #fediverso me podéis encontrar como rafapoverello@hispagatos.space
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Me da hasta coraje, que decimos por aquí, porque Las malas es un libro necesario, casi imprescindible para conocer de cerca y de la mano de una de ellas, lo 'malas' que eran para la sociedad las travestis del Parque Sarmiento y, por ende, las de todo el mundo mundial. Como crónica social podría decirse que es impecable.
Ahora, a nivel literario, la labor de una persona que se dedique a la corrección le hubiera venido al pelo: tanto por estructura, porque digamos que no tiene, más allá del evidente hilo a través del personaje de la tía Encarna, como por errores básicos que no pueden deberse a una elección de Camila Sosa, pues no guardan un orden ni un sentido, sobre todo usar de manera indistinta, no ya en el mismo capítulo sino en el mismo párrafo, el pasado y el presente histórico.
Vaya, que me he …
Me da hasta coraje, que decimos por aquí, porque Las malas es un libro necesario, casi imprescindible para conocer de cerca y de la mano de una de ellas, lo 'malas' que eran para la sociedad las travestis del Parque Sarmiento y, por ende, las de todo el mundo mundial. Como crónica social podría decirse que es impecable.
Ahora, a nivel literario, la labor de una persona que se dedique a la corrección le hubiera venido al pelo: tanto por estructura, porque digamos que no tiene, más allá del evidente hilo a través del personaje de la tía Encarna, como por errores básicos que no pueden deberse a una elección de Camila Sosa, pues no guardan un orden ni un sentido, sobre todo usar de manera indistinta, no ya en el mismo capítulo sino en el mismo párrafo, el pasado y el presente histórico.
Vaya, que me he embebido la novela, porque las historias que narra son explosivas y tremendas, contadas con tanta sensibilidad como crudeza, pero lo otro me ha costado lo suyo y me llevaba a descentrarme.

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Irina tiene veinte años y comenzó, hace poco más de dos, con terapia hormonal antes de iniciar la transición. «No conozco a ninguna mujer trans de mi edad que tenga pareja», me dijo el Día del Orgullo. Quizá parezca un comentario baladí, pero no, no lo es; o que poco tiene que ver con Alana y su La mala costumbre, pero sí, sí tiene que ver.
No sabemos si la novela de Portero tiene amplios, ligeros o ningún componente autobiográfico (ella nunca ha despejado dudas e, incluso en alguna que otra entrevista, ha comentado que sus historias se basan en las experiencias de personas que conoce), pero no hace falta hilar muy fino para descubrir que hablar de lo que habla de una manera tan precisa, íntima y dolorosa, solo es posible habiendo experimentado en carne propia de mujer trans la discriminación, los prejuicios y la violencia (directa y …
Irina tiene veinte años y comenzó, hace poco más de dos, con terapia hormonal antes de iniciar la transición. «No conozco a ninguna mujer trans de mi edad que tenga pareja», me dijo el Día del Orgullo. Quizá parezca un comentario baladí, pero no, no lo es; o que poco tiene que ver con Alana y su La mala costumbre, pero sí, sí tiene que ver.
No sabemos si la novela de Portero tiene amplios, ligeros o ningún componente autobiográfico (ella nunca ha despejado dudas e, incluso en alguna que otra entrevista, ha comentado que sus historias se basan en las experiencias de personas que conoce), pero no hace falta hilar muy fino para descubrir que hablar de lo que habla de una manera tan precisa, íntima y dolorosa, solo es posible habiendo experimentado en carne propia de mujer trans la discriminación, los prejuicios y la violencia (directa y estructural) de una sociedad binaria, heteronormativa y de tradición moral judeo-cristiana, donde todo lo que no sea la monogamia y la postura del misionero tiene un cúmulo de personas ofendidas hasta el tuétano.
Y con esto, retomamos el punto de arranque de esta pequeña reflexión acerca de la novela de Portero, para lo que no está de más aportar unos datos de nada, prácticamente intrascendentes, sobre el colectivo LGTBIQ+ que hablan bien a las claras de por qué La mala costumbre es lúcida, luminosa, realista y terrible a partes iguales. Son del informe del año pasado de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea:
• El 45% de personas adolescentes de Europa entre 15 y 17 años sufre discriminación en su vida diaria por tratar de ser ellas mismas. • En España, el 12% de las personas del colectivo han sufrido agresiones físicas o sexuales. • En nuestro país, el 11% de adolescentes LGTBIQ+ pensaba siempre o a menudo en el suicidio. • También en España, el 66% de dichas personas han sido objeto de acoso por su orientación sexual o de género durante su etapa escolar.
«Todo el que alguna vez ha construido un nuevo cielo, encontró antes el poder para ello en su propio infierno», opinaba Nietzsche en La genealogía de la moral. La empatía es esa cualidad del ser humano que consigue que no haga falta bajar al infierno de las demás personas para ayudarlas a construir su cielo. Es lo que hace Portero, con dolor y con ternura, con vileza y con majestuosidad, con el dominio de diferentes formas de expresión. No es preciso ser gay, lesbiana, intersex, asexual, trans, queer, para sentir la precariedad, la angustia, el miedo, la rabia o la discriminación de la niña condenada a vivir en un cuerpo que no siente como suyo.
Todas las personas trans que conozco se han sentido identificadas con la novela de Portero. Irina no la ha leído, ni falta que le hace.

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