Si ya “El jardín de vidrio” me pareció una gran novela, esta me ha dejado absolutamente sin palabras. Me costó unas páginas adentrarme en la historia, en parte por su estilo narrativo. A través de unas memorias desmadejadas casi al estilo del flujo de conciencia, escritas a modo de terapia, vamos conociendo una vida de traumas, soledad e incomprensión. El dolor de la pérdida y la enfermedad. Y la luminosidad del cariño y la complicidad reencontradas de la forma más insospechada. Otro de esos libritos que te dejan el corazón calentito.