Abrazar el caos de la existencia para construirse a sí mismo como una obra de arte, superando tanto el "somos la virtud" del poderoso como la "moral del esclavo" basada en el resentimiento. ¿Encarna el chico malo de Springfield aquello que el chico malo de la filosofía aconseja?
No podríamos decir que Bart Simpson cumpla este ideal. Aunque es rebelde, su identidad es reactiva y depende de la autoridad. En los capítulos en los que desaparece el entorno que le reprime, cae en ese nihilismo vacío que el filósofo tanto temía y que domina nuestro tiempo.
Sin embargo, tal vez Los Simpson como sátira social sea precisamente la "descarga artística de la náusea de lo absurdo" que Nietzsche sí aceptaba de la Antigüedad griega.
