Si hay algo que he aprendido durante mis años como antropólogo es que el mundo está infinitamente lleno de fenómenos que la sociedad tal como nosotros la conocemos (quienquiera que incluya ese nosotros) consideraría extraños, hasta el punto en el que el concepto de extrañeza en sí mismo había llegado a no significar casi nada para mí.
Un baño de extrañeza, qué fartita me jasía
