Patricia_Millan reseñó Siete vidas de José María Beà
Crecer es morir un poco
3 estrellas
Los libros a veces llegan a mi vida por casualidad. Los cómics, también —los trabajos un poco también, pero ese es otro tema—. Así me llegó Siete vidas, de Josep María Beà, a quien no tenía en mi radar (comentario que espero que no ofenda porque hay miles de autores que no tengo en mi radar: bienvenidos sean los descubrimientos).
Hablando de cómics antropomorfos, y siguiendo la estela de Elmer, este cómic se torna en diario personal pero con protagonista gatuno. Siete vidas, siete historias, siete fracasos o siete lecciones de vida. El álbum recopila las viñetas que se publicaron originalmente en la revista Rambla allá mediados los ochenta y, como sucede con las buenas historias que saben anteponer el fondo de las emociones al decorado de la ambientación, funcionan como el primer día. No en vano, en alguna entrevista decía " en mi modesta opinión, tiendo a considerar que, un cómic logrado es aquel que me cautiva por la historia que me cuenta. No me importa cómo esté dibujado si el autor consigue atraparme.". Admito que yo, aunque priorizo fondo sobre forma, siempre intento encontrar un sano equilibrio entre ambos en las obras que caen en mis manos.
Sin negar que bebe de fuentes como Art Spiegelman (sí, dadme unos días) o Crumb, pero también del imaginario dickensiano de los niños perdidos, Beà nos ofrece un relato constumbrista que se baña en cierta tristeza y desencanto cuando las ilusiones infantiles van cayendo al entrar en la etapa adulta. Es el autor adulto, el gato adulto, el que ha sabido poner la distancia suficiente para poder poder reflexionar sobre la infancia, el amor, la soledad, la ilusión, la pérdida.
En Siete vidas no hay nostalgia pero sí el recordatorio de que crecer es morir un poco. O varias veces. Hasta siete si eres un gato.
