Álvaro G. Molinero reseñó Brontosaurus y la nalga del ministro de Stephen Jay Gould (Biblioteca Drakontos de Bolsillo, #28)
Vacunarse contra el dogma neodarwinista
5 estrellas
Otro libro de Stephen Jay Gould. Otra maravilla que recopila sus mejores ensayos aparecidos en “Natural History” desde 1980 hasta el 2002. Concretamente, los ensayos de este “libraco” corresponden cronológicamente a finales de los años 1990. En ellos podemos encontrar tres ejes que los recorrerán explícita o implícitamente: I) la contingencia como factor a tener en cuenta en todas las ciencias de tipo histórico (la biología evolutiva, la astronomía, la propia historia, la sociología, etc.), II) la falacia funcionalista como un mal endémico de la biología evolutiva y, III) la historia de la ciencia.
Varios ensayos nos presentarán a la biología evolutiva como un tipo más de ciencia histórica. El ser humano pertenece al clado de los mamíferos y, por ende, es un vertebrado. Por eso, durante su desarrollo embrionario presenta primordios de hendiduras branquiales: en los peces darán lugar a las branquias, mientras que en humanos y otros …
Otro libro de Stephen Jay Gould. Otra maravilla que recopila sus mejores ensayos aparecidos en “Natural History” desde 1980 hasta el 2002. Concretamente, los ensayos de este “libraco” corresponden cronológicamente a finales de los años 1990. En ellos podemos encontrar tres ejes que los recorrerán explícita o implícitamente: I) la contingencia como factor a tener en cuenta en todas las ciencias de tipo histórico (la biología evolutiva, la astronomía, la propia historia, la sociología, etc.), II) la falacia funcionalista como un mal endémico de la biología evolutiva y, III) la historia de la ciencia.
Varios ensayos nos presentarán a la biología evolutiva como un tipo más de ciencia histórica. El ser humano pertenece al clado de los mamíferos y, por ende, es un vertebrado. Por eso, durante su desarrollo embrionario presenta primordios de hendiduras branquiales: en los peces darán lugar a las branquias, mientras que en humanos y otros vertebrados estas estructuras anatómicas del embrión son reclutadas para dar lugar a otras partes anatómicas (arteria aorta, mandíbula inferior, huesos del oído interno, etc.). La evolución parte del material disponible e “inventa” sobre lo que ya existe. Es por eso que está limitada y es por eso que deja pistas de su acción. Y por eso podemos hablar de ciencia histórica. Las sociedades humanas dejan arte rupestre, alfarería o documentos escritos. La evolución deja detalles anatómicos, secuencias de ADN y procesos biológicos.
La falacia funcionalista fue uno de los principales caballos de batalla de Gould. La tesis básica es que las estructuras biológicas no evolucionan “por un motivo” funcional. Hay una inmensa cantidad de estructuras anatómicas que están en nuestra anatomía como “vestigio” evolutivo. Puede que cumplan una función en el organismo en el tiempo presente, pero el motivo de su existencia no es esa función, sino que no pueden ser eliminadas completamente. El ejemplo clásico del apéndice en seres humanos: un tejido lleno de linfocitos que actúa como una forma de defensa más de presentar antígenos a nuestras defensar para defendernos, pero que su existencia en los seres humanos se debe a nuestro pasado vegetariano. Ese apéndice es transformado en un ciego donde se realiza la fermentación en otros mamíferos como los gorilas, los conejos o los caballos. Los ejemplo que utiliza Gould en el libro son los Equidnas (que poseen cerebros complejos y cuya función no está clara en absoluto), los ornitorrincos (como una particular rama de la evolución que se resiste a ser analizado funcionalmente) y el caso más llamativo, el de los Kiwi (cuyos huevos son de aproximadamente ¼ del peso corporal del animal y, pese a todos los intentos funcionalistas de explicar este carácter “bizarro” del huevo, parece que la razón más plausible es una reducción de tamaño corporal del Kiwi debido al “Efecto Isla” sin reducción de huevo como causa última del carácter).
Y en los ensayos sobre historia de la ciencia encontraremos la historia de la primera pseudociencia falsada con éxito desde un punto de vista puramente científico (“El magnetismo Ambiental”); las tesis “hiperfuncionalistas” de Abbot H. Thayer que llegó a proponer que el color rojizo de los flamencos era para “camuflarse” con el atardecer; el concepto del ángulo facial de Petrus Camper y su reciclaje para el racismo más descarnado; y la “Ley de Grim” sobre el origen común de las lenguas indoeuropeas.