#fantasíaparadummies llega más tarde que el caballo del malo.
Capítulo 773: Back to the aggro!
Hoy os voy a hablar de una cosa que es muy obvia y aún así no me había dado cuenta. Sobre una relación entre la agricultura y los impuestos.
Corn and taxes.
A ver, hay dos tipos de agricultura en relación al uso del agua: secano, en la que no riegas, y regadío, en la que riegas.
Normalmente la de secano suele ser de cereales y legumbres, es decir, algo de cáscara que es más duradero. Aquí entra también otras cosas como la vid, el olivo o el girasol.
De regadío son cosas normalmente más de huerta, aunque también está el arroz que es un poco la excepción a esta regla, pero que cuando veáis lo que digo del secano lo volveré a nombrar.
Esto que os voy a comentar es el santo grial de la economía agrícola. Por favor, hay que usarlo bien para crear sociedades coherentes. Así que ya tengáis #fantasía #CiFi o #terror en vuestros relatos, si la cuestión agrícola o de impuestos es relevante en esa trama, tenedlo en cuenta.
Los impuestos son aquellas cosas que pagamos porque alguien con poder te dice que debes hacerlo. Es parte de la dinámica social. A veces esa dinámica por la que estás dentro de esa sociedad te reporta beneficios, como en la actualidad que posees educación, sanidad o emergencias pagadas con eso, mientras que otras no te aporta nada directamente.
Independientemente de ello, casi todas sociedad tiene algún tipo de imposición y normalmente suele implicar a los pequeños productores y trabajadores.
Vamos a ver cómo lo explico.
Hay una correlación entre el predominio del poder rural, el pago en especie y la agricultura de secano. Del mismo modo que hay un vínculo similar entre el poder urbano, el pago monetario y la agricultura de regadío.
En el primer caso, la agricultura de secano genera un producto que es fácilmente manipulable: se transporta y almacena bien, además tiene bastante aguante en el tiempo. No solo en grano, sino en los principales productos derivados, aceite y vino.
Esto favorece que el pago en especie sea mejor, ya que no dependerá de poseer elementos de valor equivalente y se perderá menos valor por el camino. Así que la riqueza estará en la zona rural, ya que ahí se produce lo que genera el flujo económico. De esa manera, la gente que domina ese espacio gana mayor relevancia política.
Ahora vamos con el segundo caso. Una agricultura de regadío requiere de una infraestructura mayor, por lo que va a tener una serie de gastos derivados. Esos gastos e infraestructura suele venir de un poder por encima de los productores, por lo que favorece un estado más fuerte o al menos con mayor presencia en la vida del campesinado.
Además, mucha de la producción es hortofrutícola, por lo que tiene una menor vida. Así que la producción que sobra no puede guardarse en tanta medida como la otra, por lo que su pago como impuestos no es tan viable.
Lo que sí es viable es conducir esos excedentes al mercado y conseguir algo más duradero. Lo duradero que gana valor porque representa ese trabajo suele ser la moneda. Con esa moneda se paga fácilmente el impuesto.
Esos mercados crecen y el flujo de moneda también, así que esos nexos se convierten en ejes para la población, la economía y la producción y así nace una ciudad.
La economía es preferentemente urbana, por lo que el poder se queda ahí.
En el caso del arroz tiene lo mejor de ambos mundos. Hace falta un fuerte poder central para administrar la irrigación y a la vez el arroz es más perdurable que lo hortofrutícola, por lo que se genera un mosaico de pequeños puntos de poder intermedio que sufragan un gran estado.
Eso era lo que os quería contar. La maldita correlación de las narices que no había visto, tal vez la había entendido a un nivel subconsciente, pero no la había visto como un conjunto.
Pues nada, cuídense.